Mi primer acercamiento a un collectible (o “figuras de acción”, como se les dice por estos lados) fue a los 6 años, escudriñando una maletita rarísima con letras amarillas gigantes que decían “Star Wars”. ¿Qué diablos era eso? Sepa moya. Pero igual me interesó el contenido, de puro curiosa. La maletita especial contenía 11 figuras pequeñas muy bien hechas, con vestimenta real y todo, de los mismos personajes que estaban en el poster a la entrada de la pieza de… bueno, “alguien”, porque si revelo su nombre y se entera que alguna vez toqué sus preciados collectibles, desataré una furia que me costará caro. Sólo digamos que esta persona era fan de la saga de George Lucas, tenía mucha decoración ad hoc, y por un precio seguramente excesivo para la época, había comprado aquellos juguetes de adulto que, más que para jugar, sirven para admirar.
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